En efecto, «el que quiera amar la vida y gozar de días felices, que refrene su lengua de hablar el mal y sus labios de proferir engaños; que se aparte del mal y haga el bien; que busque la paz y la siga.»
Por tanto, imiten a Dios, como hijos muy amados.
Por tanto, imiten a Dios, como hijos muy amados.

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Y él nos ha dado este mandamiento: el que ama a Dios, ame también a su hermano.